lunes, 3 de noviembre de 2008

La memoria construye futuro

La necesidad innata del hombre por conocer y reconocer el mundo a través del detenimiento en la observación, nació a partir del impulso, casi natural, casi racional, por explicar y volver definiciones lo que antes del descubrimiento científico eran fenómenos.

En esta medida se desarrollaron maneras de entender los hechos desde posiciones distintas y diversas; algunos los explicaron con dioses y misterios metafísicos, otros con palabras y novelas, los menos crédulos lo hicieron con ciencia y tecnología…pero todos, sin excepción, se hicieron cultura.

La cultura es todo lo que el hombre hace para entender la vida, es todo lo que no está en la vida pero que sirve para entenderla, son los códigos que inventamos para sobrevivir en un mundo que reemplazó al natural.

Ideamos la música para narrar un mundo paralelo en el que intentamos llegar a la perfección, como el mundo de las ideas de Platón; el arte lo hicimos para llegar a la capacidad de concretar las ideas en imágenes o formas; la filosofía para tener una teoría lógica capaz de recordar en qué estamos pensando; la literatura para ser subjetivos y creativos; la política para cuidar del otro y ser solidarios; y la libertad para nunca olvidar que todo lo podemos cambiar.

Un hombre culto es aquella persona que aprovecha su saber para leer el mundo, y cuando el conocimiento al que tiene acceso no es más que el heredado de su propia comunidad, la lectura del mundo se suscribe en el universo simbiótico, metafísico y si es una comunidad selvática, en animales y plantas con propiedades médicas especiales.

El respeto por la naturaleza, hubiera evitado o por lo menos minimizado la crisis ambiental que vive actualmente el planeta con el calentamiento global; la solidaridad de vivir como clanes enseña el sentido de la política y libertad que tanto proclaman nuestros representantes basados en una Constitución de letra muerta… una sociedad sin memoria está destinada a repetir los errores, y una civilización si conciencia de la otredad y del valor de respetarla, está condenada a desaparecer.

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