- Un hombre pájaro en el concierto de la banda local Bazuka de Medellín decidió que sacaría sus alas para volar sobre los asistentes al evento. Subió al escenario y saltó sobre el público mientras la banda, desafinando un poco la melodía de la canción, miraba atónita el acto propio del Ícaro paisa; pero a este no se le derritieron las alas a pesar del calor, voló sobre la gente con las alas en forma de decenas de manos que lo arrastraron hasta el fondo del Deck (lugar del concierto).
- Una oyente de ópera berlinesa cambió su lugar con un joven desocupado de la capital antioqueña. Es un estudiante universitario que por capricho abandonó a Bogotá y a su familia, para vivir solo en Medellín y subsistir con un dinero quincenal que su padre todavía le envía. No es una persona de muchos amigos y al parecer es amante de la soledad, también así de la zarzuela, la ópera y la opereta, un gusto poco útil en una ciudad que sólo tiene una temporada anual y con precios subidos de tono. En la época del año en que se presentaba una compañía cubana en Medellín, se acababa la quincena y por supuesto, el joven no tenía suficiente dinero para asistir al evento y sobrevivir de manera decente lo que quedaba de tiempo antes de que su padre enviara dinero; sin embargo decidió pagar las entradas y asistir, pues supo que el placer de la satisfacción le acortaría la espera por el dinero.
- Un hombre en la cocina, estudiante de medicina y aficionado al placer del buen comer y ocasionalmente, también del orden. La cocina de su apartamento en un segundo piso da por un ventanal enorme a un jardín en donde diariamente el conserje barre las hojas que caen de un árbol de mangos que hay allí. Prefiere cocinar en las mañanas, el conserje también prefiere asear el jardín por esas horas del día, son compañeros que se observan mutuamente con discreción. Un día el joven cocinaba en compañía de su novia, una mujer de piel morena, esbelta y hermosa, era de mañana y el conserje también barría; de momento el encargado del jardín miraba fijamente a la mujer y los jugueteos indiscretos de la pareja, un insulto a los celos enfermizos del joven, quien en un ataque de furia, o tal vez temor de que a su novia le gustara la presencia ajena, tiró por las celosías de la parte derecha del ventanal un insulto acreedor a un llamado de atención de la administración del edificio.
- Un teólogo triste era Lucas, un cristiano que antes de serlo se dedicaba a los oficios de la música mal llamada metal y algunas drogas que casi lo matan. Lucas era un creyente acérrimo de las doctrinas de su religión, a veces tan fanático que resultaba fastidioso y hasta enfermizo. A sus compañeros nos decía pecadores y todos los días nos invitaba a leer la palabra de D-s y a transformar nuestras vidas para entregarlas a su creencia. Guardaba su renovada virginidad hasta el matrimonio e incluso había dejado de fumar y beber los licores del placer, tarea difícil en la curiosa Medellín contemporánea para un joven que apenas supera los 20 años de edad.
- Un error de apreciación el del celador de aquel edificio. Era un hombre curioso y siempre estaba experimentando con las reacciones de la gente (no tenía mucho más que hacer). Un tiempo ensayó con los saludos, intentaba ser serio, después amigable e incluso llegó a no saludar, así aprendió a conocer a los conejillos que vigilaba. En otro experimento, quiso saber cómo eran las mujeres que residían en sus dominios, ahora con piropos; la primera sonrió, la segunda, al igual que el piropo se subió un poco de tono y no le hizo gracia, la tercera, que parecía venir sola se ofendió, al igual que su novio, que venía unos metros atrás. Un error de apreciación que terminó en un ojo morado y un insulto que todavía yace en la memoria de su madre muerta.
- Un pequeño accidente que sufrió la pequeña Isabela en su tercer día de nacida. La abuela Nazaret estaba encargada ese día de su cuidado y durante toda la mañana se dedicó a hacer esas cosas que hacen las abuelas con sus nietas, ya en la tarde la sacó al sol para que cogiera algo de color. En la noche, Margarita, la recién mamá llegó a casa y encontró llorando a Isabela, tenía la piel enrojecida y estaba caliente como el sol de aquel día. La abuela, con esa técnica de despiste que todas las madres adquieren con el tiempo, dijo que tal vez tenía gripa…
- La mujer de la maleta, una maleta extraña que conduce una mujer ajena y que causa temor y paranoia. Hace ya varios años, Bárbara, Trabajadora Social de la Universidad de Antioquia en Medellín pretendía realizar una labor de práctica con algunas de sus estudiantes en el barrio Villa Socorro, en la Comuna Nororiental. Aquel día el grupo universitario pretendía celebrar en la comunidad el día de los niños. Bárbara llevaba una maleta llena de juguetes y elementos de aseo para regalar, sin embargo, al momento de su llegada, cuatro hombres, al parecer milicianos, reemplazaron la maleta por chaquetas de cuero anchas cargadas de armas y de miedo, las obligaron a desocupar la maleta y les prohibieron volver al barrio.
- Un vecino psicópata que vivía al lado. Su esposa era una mujer hermosa de nombre Soraya, tenía dos hijos pequeños, uno un tanto extraño en la manera en cómo se relacionaba con los demás niños. Cuando la familia llegó al edificio faltaba el vecino, el hombre de ese hogar, según su mujer porque vivía en Miami trabajando para una empresa familiar, pero, según la del piso de arriba, porque estaba encarcelado en un centro de reclusión de Cali debido a negocios con el narcotráfico, chismes de esos… algunos meses después de la llegada de la familia llegó el hombre, un tipo de aproximadamente 40 años, aficionado a las motos y a los carros. No era demasiado cordial en las relaciones con otros vecinos, incluso, llegó a tornarse violento con el conserje y algunos habitantes del edificio. El hombre vivía de mal humor y al parecer con temor, asomaba periódicamente cada media hora por su ventana y a veces, cargaba un arma visible en el pantalón; un tipo de esos que producen miedo, tanto que él mismo se espantó y abandonó con su familia el edificio.
lunes, 3 de noviembre de 2008
Más historias... (Tren de los dormidos adaptado)
Historias de ciudad ...(Tren de los dormidos)
La gracia de vivir bajo el absurdo exhibe historias absurdas para el extraño, relatos urbanos que tal vez sean difíciles de apreciar cuando la costumbre y la rutina los vuelven parte de la ciudad.
- La mujer de la ventana, es una anciana que vive frente a la Estación Floresta del Metro de Medellín. Todos los días, Fabiola, después de que su marido sale a pasear un pequeño perro blanco de raza Poodle, se para en el balcón enmohecido de su casa a ver la ciudad pasar y pasar en compañía de un cigarro fiel que se ahoga en sus pulmones mientras los ojos enrojecidos por el humo, o la tristeza, miran hacia ningún lado durante algo más de dos horas. Fabiola es la presencia que se hace visión ante los ojos de los pasantes que, casi siempre, prefieren recordarla como espejismo antes de imaginar el por qué de su ritual diario.
- Un matrimonio cursi entre homosexuales universitarios que pasan juntos caminando por el Boulevard de una institución católica. Uno es alto, de ojos azules y pelo largo y abundante, un hombre bien parecido que en ocasiones especiales no teme ser observado por los ojos inquisidores de compañeros abstractos mientras organiza una celebración de cumpleaños para su compañero. El color rosa de su amor en un espacio público contrasta con la negra aberración que sienten quienes observan atentos para saber quién hace de hombre y quién de mujer, una obsesión convertida en mito.
- El hombre del pijama en la Medellín moderna es una mujer de buenas y bien formadas carnes, por su rostro podría pensarse que tiene algo más de 20 años. En los días soleados sale a tomar color en el balcón de su apartamento en El Poblado. Tiene las nalgas firmes y abundantes, una cintura delicada y el pelo teñido de mono; prefiere la ropa interior que no cubre mucho y le gusta saberse observada por algunos hombres del edificio de enfrente, quienes, a pesar de no conocerse, parecen haber formado una comunidad de observadores que se comunica con términos clave de señas y miradas vueltas costumbre irremediable para apreciar el espectáculo de la buena figura de la extraña a la que desean.
- Cae la nieve en Berlín como caen las flores de Paula en Medellín. Paula tiene la costumbre semanal de ir a repartir flores a los hombres desprevenidos de la ciudad. Es una cartera de flores que permanece incógnita de nombre pero conocida de figura. Las flores que regala le dan la identidad del día; a veces es Margarita y otras Violeta y siempre es portadora de un mensaje de amor para los hombres de una urbe absurda.
- Tráfico el de la Comercial Hotelera, un bus que recorre buena parte de las vías de la ciudad. Un hombre sentando a mi lado habla en voz baja por su teléfono celular, lleva una maleta negra de tela desgastada y rota en las esquinas. Tiene una mirada preocupada y a mi parecer paranoica, tal vez el trajín de la ciudad lo tiene en sus brazos. Hiede a cigarrillo, viste un jean roto y cuando el bus se detiene en el semáforo de la carrera 70 con San Juan, saca la mano por una ventana y una mujer que vende dulces y cigarros en la calle se acerca y con un saludo de cabeza le entrega una pequeña bolsa negra que me pone a pensar.
- Una pizza con los bordes quemados recibí de la mujer que atiende en el puesto de la Universidad. Parece agitada y algo rabiosa, cuando le agradezco por la pizza me da la espalda y empieza a discutir con su compañera de trabajo. Al parecer el calor del día y de su caseta la hacía delirar de rabia mientras le reclamaba a la otra mujer, sentada en un banco rallando el queso, la demora con los clientes desatendidos. La pizza estaba reseca y no lucía agradable.
- Una profesora de pelo rojo y pecas en las mejillas, de temperamento fuerte y exigente con los estudiantes de su clase introductoria a la carrera de Comunicación. Un día de clase cualquiera, los estudiantes inquietos e inexpertos en las artes de universidad agotaron su paciencia y ella decidió salir de clase. En la espera por su regreso el olor de un cigarro a medio fumar en el pasillo me llamó como una madre a un hijo, y siendo muy obediente, salí a su encuentro. En el momento la mujer desesperada volvía al salón y con una mirada cruzada, y sorprendentemente a pesar de la timidez típica de cualquier forastero, la saludé e invité a tomar un refresco en la cafetería del primer piso; al principio una conversación pesada por la incomodidad de la mujer al sentirse irrespetada, luego, y después de un par de paquetes de papas refritas, una conversación de dos cuasi amigos.
La memoria construye futuro
La necesidad innata del hombre por conocer y reconocer el mundo a través del detenimiento en la observación, nació a partir del impulso, casi natural, casi racional, por explicar y volver definiciones lo que antes del descubrimiento científico eran fenómenos.
En esta medida se desarrollaron maneras de entender los hechos desde posiciones distintas y diversas; algunos los explicaron con dioses y misterios metafísicos, otros con palabras y novelas, los menos crédulos lo hicieron con ciencia y tecnología…pero todos, sin excepción, se hicieron cultura.
La cultura es todo lo que el hombre hace para entender la vida, es todo lo que no está en la vida pero que sirve para entenderla, son los códigos que inventamos para sobrevivir en un mundo que reemplazó al natural.
Ideamos la música para narrar un mundo paralelo en el que intentamos llegar a la perfección, como el mundo de las ideas de Platón; el arte lo hicimos para llegar a la capacidad de concretar las ideas en imágenes o formas; la filosofía para tener una teoría lógica capaz de recordar en qué estamos pensando; la literatura para ser subjetivos y creativos; la política para cuidar del otro y ser solidarios; y la libertad para nunca olvidar que todo lo podemos cambiar.
Un hombre culto es aquella persona que aprovecha su saber para leer el mundo, y cuando el conocimiento al que tiene acceso no es más que el heredado de su propia comunidad, la lectura del mundo se suscribe en el universo simbiótico, metafísico y si es una comunidad selvática, en animales y plantas con propiedades médicas especiales.
El respeto por la naturaleza, hubiera evitado o por lo menos minimizado la crisis ambiental que vive actualmente el planeta con el calentamiento global; la solidaridad de vivir como clanes enseña el sentido de la política y libertad que tanto proclaman nuestros representantes basados en una Constitución de letra muerta… una sociedad sin memoria está destinada a repetir los errores, y una civilización si conciencia de la otredad y del valor de respetarla, está condenada a desaparecer.
En esta medida se desarrollaron maneras de entender los hechos desde posiciones distintas y diversas; algunos los explicaron con dioses y misterios metafísicos, otros con palabras y novelas, los menos crédulos lo hicieron con ciencia y tecnología…pero todos, sin excepción, se hicieron cultura.
La cultura es todo lo que el hombre hace para entender la vida, es todo lo que no está en la vida pero que sirve para entenderla, son los códigos que inventamos para sobrevivir en un mundo que reemplazó al natural.
Ideamos la música para narrar un mundo paralelo en el que intentamos llegar a la perfección, como el mundo de las ideas de Platón; el arte lo hicimos para llegar a la capacidad de concretar las ideas en imágenes o formas; la filosofía para tener una teoría lógica capaz de recordar en qué estamos pensando; la literatura para ser subjetivos y creativos; la política para cuidar del otro y ser solidarios; y la libertad para nunca olvidar que todo lo podemos cambiar.
Un hombre culto es aquella persona que aprovecha su saber para leer el mundo, y cuando el conocimiento al que tiene acceso no es más que el heredado de su propia comunidad, la lectura del mundo se suscribe en el universo simbiótico, metafísico y si es una comunidad selvática, en animales y plantas con propiedades médicas especiales.
El respeto por la naturaleza, hubiera evitado o por lo menos minimizado la crisis ambiental que vive actualmente el planeta con el calentamiento global; la solidaridad de vivir como clanes enseña el sentido de la política y libertad que tanto proclaman nuestros representantes basados en una Constitución de letra muerta… una sociedad sin memoria está destinada a repetir los errores, y una civilización si conciencia de la otredad y del valor de respetarla, está condenada a desaparecer.
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